Multi-Forest: un modelo de gestión multifuncional para montes gallegos resilientes, sostenibles y rentables

Comunidad de Montes de Baroña, laboratorio de un modelo extrapolable: el reto de aprovechar el potencial del monte gallego

El Grupo Operativo Multi-Forest cerró el pasado 17 de septiembre tres años de trabajo con un modelo de análisis satelital para la planificación forestal, dos certificaciones PEFC pioneras en miel y carne de caballo, y una cuantificación de los servicios ecosistémicos del monte vecinal en mancomún de Baroña (Porto do Son, A Coruña).

El 17 de septiembre concluyó oficialmente el proyecto del Grupo Operativo Multi-Forest, una iniciativa de innovación agroforestal financiada con cerca de 180.000 euros -un 80% procedentes de la Unión Europea, un 14% de la Xunta de Galicia y un 6% del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación- enmarcada en el Plan Estratégico de la PAC. El evento final, celebrado en la Comunidad de Montes Vecinales en Mancomún de Baroña, reunió a los cuatro socios: la propia comunidad, la Universidade de Vigo (grupo Hidroforest), PEFC Galicia y FEUGA, coordinadora y responsable de la divulgación.

Un consorcio multidisciplinar para un monte multifuncional

Gabriel Santos, gestor de proyectos de FEUGA, explicó que los grupos operativos son «una de las herramientas que pone a nuestra disposición la Unión Europea para alcanzar los objetivos de la Política Agraria Común», y que permiten «formar consorcios multidisciplinares en los que entidades con diferente perfil se unen para resolver un proyecto relevante».

El proyecto partió de un diagnóstico compartid: los montes gallegos afrontan retos encadenados -cambio climático, despoblación rural, incendios, pérdida de biodiversidad y abandono- que se retroalimentan. Multi-Forest planteó «una gestión multifuncional del monte que permita garantizar su futuro», con cuatro objetivos: analizar la idoneidad de los usos del suelo, implantar nuevos cultivos (frutos del bosque y setas shiitake), obtener productos autóctonos certificados mediante la cadena de custodia, y cuantificar los impactos sociales, económicos y ambientales del modelo. Sus objetivos se alinean con los ODS 13 (Acción por el Clima) y 15 (Vida de Ecosistemas Terrestres).

Baroña: un laboratorio vivo de multifuncionalidad

La Comunidad de Montes de Baroña gestiona 878 hectáreas de monte vecinal en mancomún, de las cuales 690 están arboladas. Su presidente, Ovidio Queiruga, describió la evolución histórica del monte: desde una economía de subsistencia en la que ya era «realmente multifuncional» -leña, piñas, batume y ganadería extensiva- hasta las reforestaciones masivas de los años cincuenta impulsadas por el Patrimonio Forestal del Estado y el ICONA, que consideraban estos terrenos «infrautilizados» y priorizaron el monocultivo maderero. En aquellas plantaciones, recordó, «los propios vecinos no sabíamos gestionar dentro de nuestro terreno», y supusieron la pérdida de los aprovechamientos tradicionales: «Esa ganadería que íbamos al monte o ese recurso que extraíamos directamente del monte ya no podíamos hacerlo, porque esos montes quedaron como privatizados». El resultado fue el abandono del monte y del sistema agrario tradicional, con un incremento continuado de la biomasa sin gestionar. «Los incendios son uno de los grandes problemas que tenemos hoy en día, por eso, por la falta de gestión de los montes», afirmó.

«Tuvimos que repensar; en Baroña no lo queríamos así», relató. En el año 2000 la comunidad rompió los convenios con la administración y asumió la gestión directa. Consiguieron la certificación forestal y, en el último plan de ordenación, decidieron «romper la exclusividad de producir madera» para incorporar biodiversidad, recreo y protección de las aldeas frente a incendios. «Hoy estamos en una zona que llaman O Carballal y hace diez años esto estaba todo cubierto de pinos. Si el nombre es O Carballal, nos está diciendo la toponimia que aquí en su día hubo carballos».

La comunidad diversificó su modelo productivo. Ante la constatación de que la madera era de baja calidad, apostaron por la resina, con transición del sistema tradicional al de bolsa para obtener un producto «más puro y de alta calidad». En ganadería mantienen 150 caballos de raza gallega de monte -con un acuerdo con la Universidade de Vigo para la conservación del caballo gallego de monte y sus hábitats-, además de cabras, vacas y ovejas en sistema rotacional con vallado virtual. «Nuestra primera premisa era la gestión forestal, es decir, ahorrar costes de desbroce», explicó, ya que los costes anuales de desbroce mecánico -unos 10.000 a 12.000 euros en gasoil, averías y reparaciones- resultaban «inasumibles»; los animales, en cambio, realizan un mantenimiento continuado.

Completan la actividad la apicultura, el aprovechamiento micológico en 100 hectáreas reguladas, frutos del bosque, dos parques eólicos, una comunidad energética con fotovoltaica, un pequeño aserradero y un centro de transformación cárnico colaborativo en fase de puesta en marcha, abierto a otras explotaciones. La comunidad emplea a diez personas al año: «Es una forma de asentar diez familias aquí en nuestra parroquia». «El monte tiene que ser generador de dinero, pero ¿qué hacemos con ese dinero? No solo la Panorama y París de Noia para las fiestas patronales. Los vecinos decidieron que no está mal la parte social, pero que debíamos empezar a trabajar en la creación de empleo».

Queiruga reconoció las limitaciones que motivaron su incorporación al proyecto: «Estábamos haciendo muchísimas cosas, pero no sabíamos si estábamos haciendo bien». La colaboración con la universidad permitió instalar estaciones meteorológicas para analizar el territorio con imágenes satelitales y «buscar la idoneidad de lo que tenemos y de cómo podemos mejorarlo». «Nosotros debemos ser ese pequeño laboratorio en el que os ayudemos, en el que colaboremos con vosotros para que esos datos, esos conocimientos que tenéis, sean implementados en el territorio», afirmó.

Certificación pionera: miel y carne de caballo bajo sello PEFC

Elsa Grille, gerente de PEFC Galicia, presentó los resultados de su entidad. PEFC es una organización internacional sin ánimo de lucro que promueve la gestión forestal sostenible mediante la certificación, garantizando la trazabilidad desde el monte hasta el consumidor final a través de la norma de cadena de custodia.

El proyecto coincidió con la revisión del sistema PEFC España y de la norma UNE de gestión forestal sostenible, por lo que la primera fase consistió en adaptar el proyecto de ordenación de Baroña a la nueva normativa. La segunda fase se centró en la miel: se desarrolló un estudio del asentamiento apícola y un procedimiento de control con responsabilidades, funciones y trazabilidad. La auditoría de AENOR se celebró en noviembre y la certificación se concedió en diciembre. «Es la primera propiedad en Galicia que cuenta con la certificación PEFC en esta cadena de custodia», destacó Grille.

La tercera fase abordó la carne de caballo, más compleja por la salida a matadero, resuelta mediante subcontrata auditada. La auditoría se realizó en agosto y el 8 de septiembre se obtuvo la certificación, ampliada el 2 de diciembre. «Creo que es la primera cadena de custodia a nivel mundial de carne de caballo», afirmó Grille, quien subrayó que conlleva seguimiento anual por una entidad acreditada. Queiruga añadió sobre esto que: «Hay que incrementar su valor». Con una pequeña transformación en embutidos, la carne de potro pasó de un euro por kilo a 40, y «hay gente dispuesta a pagar un poco más» si se le garantiza un producto de monte gestionado de forma sostenible.

Teledetección, huella de carbono y servicios ecosistémicos

Xana Álvarez Bermúdez, responsable del grupo Hidroforest de la Universidade de Vigo, presentó los resultados científicos. «Nosotros vinimos un poco a aprovecharnos para aprender, para darle posibilidades a nuestros alumnos de conocer, como futuros ingenieros forestales, qué es una gestión real y qué es un monte», señaló, reivindicando que la ingeniería forestal «no solo es madera, es muchas cosas más».

Mediante imágenes del satélite Sentinel-2 comparadas entre 2015 y 2024, el equipo identificó cambios en la cobertura del suelo, clasificándolas en coníferas, eucaliptales, frondosas, matorral y pasto, y zonas sin vegetación. Los resultados confirmaron un aumento de la superficie arbolada, la sustitución paulatina de eucaliptales por frondosas y pinos, y ecosistemas más ricos en especies. «Se puede comprobar que realmente está teniendo lugar esa transformación de la comunidad hacia un modelo de monte mucho más sostenible y resiliente», concluyó.

La huella de carbono se estimó con el modelo InVEST para el conjunto de la comunidad, a partir de los datos recogidos en parcelas piloto representativas de cada tipo de cobertura: siete de coníferas, cuatro de eucaliptales y tres de frondosas. En conjunto, se estima que la comunidad almacenó más de 180.000 toneladas de carbono en 2024.

El tercer bloque valoró económicamente los servicios ecosistémicos, siendo el suministro de agua el de mayor valor. Álvarez subrayó que estas cifras «no son ingresos» para la comunidad, sino «beneficios que reportan a la sociedad en general y que no estamos devolviendo». El análisis de coste-beneficio confirmó la viabilidad: «Baroña es un proyecto rentable tal y como tiene esa configuración multifuncional».

Un modelo extrapolable

Tras las exposiciones, las personas asistentes realizaron una visita a los terrenos del monte comunal para comprobar sobre el terreno los aprovechamientos presentados durante la jornada.

El proyecto deja como legado un modelo de gestión multifuncional documentado y auditado, dos certificaciones PEFC pioneras, una metodología de análisis satelital aplicable a grandes superficies y una cuantificación rigurosa de los servicios ecosistémicos del monte vecinal. Como resumió Ovidio Queiruga, «los montes son terrenos que tienen un potencial altísimo y que por desgracia no somos capaces de aprovechar». La experiencia de Baroña demuestra que la colaboración entre comunidades, universidades, certificadoras y fundaciones puede transformar ese potencial en un monte vivo, resiliente y generador de valor ambiental, social y económico.

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Este proyecto está financiado por las ayudas para la ejecución de proyectos innovadores de los grupos operativos de la Asociación Europea de la Innovación (AEI), cofinanciadas en un 80% con el Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural (FEADER) en el marco del Plan estratégico de la política agraria común (PEPAC) 2023-2027 con fondos propios de la Xunta de Galicia en un 14% y con fondos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación en un 6%. La Consellería do Medio Rural es el órgano de la Administración gallega a la que le corresponde proponer y ejecutar las directrices generales en el ámbito rural, y engloba las competencias en materia de agricultura, ganadería, desarrollo rural y ordenación comarcal, estructuras rurales, industrias agroalimentarias y forestales, montes, prevención y defensa de los incendios forestales. Presupuesto total del proyecto: 179.980,81 €  |  Subvención: 179.980,81 €

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