La gestión agrupada del monte se revela como impulsora de la prevención contra incendios forestales
En el marco del proyecto Resonate, la Escola de Enxeñaría Forestal de Pontevedra (UVigo) valoró las mejoras que supondría la agrupación del manejo de un área de monte, marcado por el minifundio, en los concellos de Negreira e Outes (A Coruña). Hablamos con el profesor Juan Picos sobre los resultados de la simulación realizada
El minifundio extremo que caracteriza a buena parte de la propiedad forestal particular en Galicia genera dificultades a todos los niveles. Para el propietario, en parcelas de minifundio es complicado extraer una rentabilidad adecuada. A nivel de territorio, se dificulta la ordenación y, en consecuencia, empeora la capacidad de prevención de incendios.
La Escola de Enxeñaría Forestal de Pontevedra (UVigo) eligió un área de minifundio en Negreira – Outes para comparar qué cambiaría con una gestión conjunta de 2.000 hectáreas, hoy divididas en 15.000 parcelas de gestión particular. Hablamos con el profesor Juan Picos, que dirigió esta simulación en el marco del proyecto Resonate, financiado por el programa Horizon 2020 de la Unión Europea.
– Explícanos el trabajo que habéis desarrollado en el marco de esta simulación de una agrupación forestal.
Las acciones se enmarcan dentro del proyecto europeo RESONATE, que venimos desarrollando estos últimos años con socios europeos. El objetivo del proyecto es trabajar en la resiliencia de las masas forestales frente al cambio climático. En nuestro caso, elegimos como caso de estudio una zona de la provincia de A Coruña. Lo que hicimos fue valorar cómo la gestión agrupada de estas masas forestales de minifundio puede contribuir a una mayor resiliencia frente al cambio climático, especialmente frente a los incendios forestales.
En ese sentido, la simulación que desarrollamos de la evolución de un posible incendio forestal resultó muy útil y fiable. Comparamos la situación que tenemos actualmente con una potencial masa gestionada de forma agrupada, donde podamos ordenar los usos del territorio, tanto forestales como de conservación, etc.
Y simulamos distintos incendios en distintas situaciones, con y sin cambio climático. Se ha utilizado software de simulación de incendios para ver cuál sería la diferencia si esos fuegos se encuentran con la masa tal y como está ahora y cuál sería el comportamiento si hubiera una gestión agrupada como la que nosotros proponemos.
– Este área de monte está caracterizado por el minifundio. ¿Qué ventajas tendría la gestión conjunta, a parte de mejorar la prevención de incendios?
La gestión conjunta con el modelo silvícola que proponemos para el pino permitiría trabajos más mecanizados. Porque la unidad de gestión es más amplia. Se organizarían labores conjuntas de clareos, podas y trabajos enfocados tanto a prevención de incendios como a mejorar la calidad de la madera.
Lo que buscamos es que esta área sea significativa para la producción de madera de destino estructural y de construcción, con unos precios que probablemente se dupliquen en el futuro. Porque ahora mismo no hay una buena selección de madera ni un trabajo silvícola profesionalizado.
La gestión conjunta permite reducir costes de los trabajos forestales y mejorar la calidad de la madera, aparte de favorecer la prevención de incendios
Así pues, no se trata tanto de aumentar la cantidad de madera que se produce como de lograr el descenso de los costes de la silvicultura. Y, sobre todo, de mejorar la calidad maderera en el futuro de un producto que sabemos que va a ser escaso y que va a estar muy demandado.
En una superficie de 2.000 hectáreas hay 15.000 parcelas catastrales. El propietario tiene que darse cuenta del potencial que está perdiendo
Aquí la superficie de gestión total sería de unas 2000 hectáreas. Pero el problema es que tenemos 15.000 parcelas catastrales y algunas de ellas con más de un titular. Por tanto, realmente el reto es dotarse de un marco jurídico acreditado para favorecer esa agrupación y después, obviamente, que las personas se den cuenta del potencial que están perdiendo.
Hay que tener en cuenta además el riesgo que puede suponer que toda esta masa forestal en condiciones de cambio climático pueda ser afectada por un incendio.
– Esta es una zona caracterizada por el pino del país (‘Pinus pinaster’). En el caso de una agrupación forestal, cómo plantearíais el trabajo con la especie?
Eso es algo que tendrían que decidir los propietarios que opten por una gestión conjunta. Si que vemos que en esta zona hay una preponderancia del pino del país, pero también hay muchas otras especies y bastante biodiversidad.
La simulación de incendios se realiza con el monte actual. Y precisamente la presencia del ‘Pinus pinaster’ fue algo que nos llevó a elegir esta zona. Porque la gestión del pino tiene aquí mucha tradición, es histórica. Hay imágenes tomadas por aviones americanos en los años 50 en las que se ve que toda esta área ya se gestionaba con ‘Pinus pinaster’.
El pino se adaptará previsiblemente bastante bien al clima futuro y tiene una gran tradición en esta zona. En nuestra propuesta, la elegimos como especie principal, complementada con bosque atlántico en zonas de ribera y franjas secundarias de las aldeas
Por tanto, siendo una especie que está bastante bien adaptada a lo que va a ser el clima futuro, la elegimos como especie principal. Pero obviamente, en nuestro trabajo de ordenación teórica de lo que sería esta agrupación forestal, incluimos áreas de restauración de bosque atlántico en zonas de ribera y en las fajas secundarias de las distintas aldeas que conforman el área de estudio.
– Esta simulación de agrupación que habéis realizado en el área de Negreira / Outes, sería extrapolable a otras zonas de Galicia?
Este monte nos sirve como ejemplo porque reúne una parte grande de las características que buscábamos. Hay que tener en cuenta que el minifundio ocupa prácticamente dos tercios de la superficie forestal de Galicia. Y el tercio restante es monte vecinal en man común.
En buena parte de los sitios, la gestión agrupada será probablemente una herramienta que pueda recuperar mucho más el potencial productivo del monte. Y además permitiendo que la silvicultura facilite la adaptación al cambio climático y al riesgo de incendios.
– Esta zona en la que trabajasteis se caracteriza por una gran biodiversidad forestal y de fauna, como comentabas antes. ¿Cómo tenéis en cuenta esa riqueza en el proyecto de agrupación?
Nuestra propuesta de ordenación de esta agrupación es una aproximación multifuncional. Pese a que el producto principal pueda ser esa madera estructural de la que hablaba, se reserva más de un 20% de superficie para restauración de hábitats.
Reservamos un 20% de superficie para restauración de hábitats. La ordenación de una superficie amplia permite compatibilizar distintos usos, con independencia de que el aprovechamiento principal sea la madera
Principalmente bosque de ribera, bosque atlántico, cumpliendo con los objetivos generales que se establecen, por ejemplo, en la Ley de Restauración de la Naturaleza. Y atendemos a la conformación de cómo se sitúan esas franjas donde se recupera el bosque atlántico.
Buscamos también favorecer la conectividad a lo largo de toda la superficie de actuación, con lo cual la fauna puede ser beneficiada. Tenemos que tener en cuenta que, aunque podamos tener un producto principal o un aprovechamiento principal (madera), la ordenación forestal en una superficie suficiente, permite multifuncionalidades. Sin perder de vista el resto de bienes y servicios, incluida la biodiversidad, ocio, etc… que pueden aportar las masas forestales y que estén estén adaptadas al clima.
Esto último es algo importante, pues si bien en una plantación joven, en caso de sequía extrema, puede plantearse un riego de emergencia, lo ideal es que la masa sea capaz de adaptarse a esa situación y mantenerse por sí misma.
El manejo conjunto del monte en Outes – Negreira reduciría la superficie quemada en un 65%
El equipo de la UVigo que trabajó en el proyecto RESONATE acaba de publicar un artículo científico con las conclusiones del estudio de caso del área de Negreira – Outes, en el que hicieron una simulación de una agrupación de gestión conjunta. Los resultados del trabajo apuntan a que, en distintos escenarios climáticos futuros, la superficie quemada en un incendio forestal se reduciría en alrededor de un 65% en la gestión conjunta del monte que se propone, en comparación con el escenario de funcionamiento actual.
El trabajo, firmado por Laura Alonso, Juan Picos, Julia Armesto y Paulo M Fernandes, destaca que la gestión forestal es vital para aumentar la resiliencia de los bosques. “En las regiones propensas a incendios, la planificación a escala del paisaje es esencial pero desafiante, especialmente donde la tierra está fragmentada en un gran número de pequeñas propiedades. La Gestión Forestal Conjunta ofrece una solución potencial, aunque a menudo los propietarios de bosques se muestran reacios a gestionarlos conjuntamente”, reconoce el artículo.
Los autores proponen un impulso político a las figuras de gestión conjunta del monte, no sólo como vía de prevención de incendios, sino para mejorar la rentabilidad del monte, por el mayor valor de la madera obtenida. En una simulación de 120 años, el beneficio económico adicional que generaría un monte agrupado en el área de estudio se cuantificó en hasta 28 millones de euros, dependiendo del clima y del escenario de los incendios.



