Un estudio aporta pistas para mejorar la recuperación de los bosques tras megaincendios

La investigación, centrada en el incendio de O Courel de 2022, concluye que la intensidad del fuego reduce la biodiversidad, mientras que un paisaje quemado de forma heterogénea favorece la presencia de más especies


El primer megaincendio registrado oficialmente en Galicia continúa ofreciendo información clave sobre sus efectos en los ecosistemas. Un equipo de investigadores de la Universidad de Santiago de Compostela (USC) y de la Misión Biológica de Galicia (MBG-CSIC) analizó como respondieron las comunidades de aves al gran incendio que afectó a la Serra de O Courel en verano de 2022 y comprobó que la severidad del fuego es el principal factor que condiciona su recuperación. El estudio, publicado en la revista Hiere Ecology, acerca además recomendaciones para la gestión de las zonas quemadas.

El incendio, iniciado por una tormenta eléctrica seca, arrasó cerca de 12.800 hectáreas en apenas dos semanas. La investigación se centró en la primera temporada de cría posterior a la lumbre, considerada un momento decisivo para evaluar la capacidad de recuperación de la fauna. Para eso, los científicos censaron 2.928 ejemplares pertenecientes a 56 especies diferentes en 215 puntos de muestreo, tanto dentro como fuera de la superficie afectada.

Los resultados muestran una relación clara entre la intensidad del incendio y el estado de las comunidades de aves. En las zonas donde el fuego fue más severo se registró una menor riqueza de especies y una reducción del número de individuos. Por el contrario, cuando el incendio generó un paisaje en mosaico, con áreas quemadas en distintos grados de intensidad, la diversidad de aves aumentó. Según explican los investigadores, esta heterogeneidad crea una mayor variedad de microhábitats que permite convivir a especies con necesidades ecológicas diferentes.

El trabajo también pone el foco en un aspecto poco valorado de la gestión forestal tras los incendios: la conservación de los árboles quemados que permanecen en pie. Lejos de ser un elemento inútil, constituyen un recurso esencial para numerosas aves forestales, especialmente aquellas que anidan en cavidades. Estos troncos ofrecen refugio, lugares para alimentarse, posos y espacios adecuados para la reproducción. Su retirada sistemática, habitual en muchas actuaciones de saneamiento forestal, puede reducir las posibilidades de recuperación de estas especies.

Otro de los descubrimientos más destacados es el efecto que el incendio tuvo sobre determinadas aves propias de espacios abiertos. Especies como la pica campestre o la cogujada común aparecieron únicamente en las zonas quemadas, donde el fuego eliminó una vegetación que antes resultaba demasiado densa para ellas. Se trata de aves ligadas tradicionalmente a paisajes agrícolas, hoy en retroceso en buena parte de Europa debido al abandono rural y al avance de la vegetación arbustiva.

Precisamente, el estudio relaciona este contexto socioeconómico con la aparición de grandes incendios. La progresiva despoblación de O Courel y la merma de la actividad ganadera favorecieron la acumulación de combustible vegetal, una situación agravada por el cambio climático y por la sucesión de secas y olas de calor. La combinación de estos factores creó las condiciones propicias para la expansión de un incendio de dimensiones excepcionales.

Los investigadores subrayan, además, que la recuperación del ecosistema no depende exclusivamente del propio incendio. Los fragmentos de vegetación que lograron sobrevivir a las llamas funcionan como refugios para las especies más sensibles y como puntos de partida para la recolonización de las áreas afectadas. La evolución de estos procesos, concluyen, deberá seguir estudiándose en los próximos años para comprender cómo se reorganizan los ecosistemas tras incendios cada vez más frecuentes e intensos.

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