Métodos sostenibles de control de la rata topo
Medidas de control, trampeo masivo y barreras físicas para frenar una plaga cíclica que amenaza las praderas y plantaciones de Lugo

La rata topo (Arvicola scherman) es un pequeño roedor que se alimenta de raíces, bulbos y tubérculos, llegando a consumir cada día una cantidad de alimento equivalente a su propio peso. Su actividad deja montículos de tierra visibles en las fincas, dificultando la labor agrícola. Tiene una enorme capacidad reproductiva y, cuando las condiciones son favorables, sus poblaciones pueden multiplicarse rápidamente, provocando auténticas explosiones demográficas. Estos picos se traducen en importantes pérdidas en las praderas de siega, pastos y plantaciones frutales del norte de España.
En 2019, la provincia de Lugo sufrió uno de estos episodios, con densidades muy altas de la especie en varias zonas de montaña. La preocupación de los ganaderos llevó a la Xunta de Galicia y al SERIDA (Asturias) a poner en marcha un protocolo de colaboración para diseñar una estrategia de control integrado, buscando soluciones sostenibles y eficaces frente a este problema creciente.
En las zonas donde las infestaciones de rata topo son habituales, los cultivos sufren crisis de manera cíclica. Para hacer frente a estas situaciones, se recomienda aplicar de forma conjunta todas las medidas fitosanitarias necesarias, con el objetivo de prevenir y contener sus explosiones demográficas (BOE, 2008). Por ello, en la montaña de Lugo se adoptaron prácticas específicas y adaptativas, siempre respetuosas con el medio ambiente y ajustadas a la realidad social, económica y paisajística de los municipios afectados. Estas medidas se basan en la experiencia acumulada en otras regiones de Europa, donde ya se han estudiado y aplicado estrategias similares.
Trampas letales tipo guillotina o de resorte
Las trampas de este tipo están muy extendidas y son bien conocidas por los usuarios. Pueden resultar eficaces cuando se adquiere cierta experiencia en su manejo. En el caso de la rata topo, deben colocarse dentro de las galerías, sin necesidad de emplear cebos (Figura 1). Se recomienda mantener las trampas activas hasta capturar todos los individuos de la madriguera. Incluso si no se logra esa eliminación completa, la captura de uno de los miembros de la pareja puede provocar estrés fisiológico en el otro, aumentando así de forma indirecta la eficacia del control. Es fundamental reconocer correctamente los signos superficiales de actividad de la rata topo para evitar capturas accidentales de otra especie endémica, el topo ibérico (Talpa occidentalis), cuya captura no está permitida. Además, esta identificación mejora la eficacia global del control.

Figura 1. Diferentes tipos de trampas de resorte empleadas para el control de Arvicola scherman: Supercat®, trampas de pinza y Topcat®.
Experiencia colectiva alrededor del trampeo
Para hacer frente a la rata topo, se organizaron actividades formativas y demostrativas dirigidas a ganaderos sobre el uso de las trampas adquiridas por la Xunta de Galicia. En total se distribuyeron 3.500 trampas de tipo guillotina. El acompañamiento y supervisión del personal técnico de la Xunta de Galicia y de Tragsatec —empresa pública especializada en ingeniería y asistencia técnica ambiental— fue clave para garantizar que los participantes aprendieran a emplear correctamente esta técnica.
Los resultados fueron notables:
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2021: 27.402 capturas
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2022: 49.816 capturas
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2023: 32.457 capturas
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2024: 14.241 capturas
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2025 (hasta junio): 6.425 capturas
En total, los 212 ganaderos y agricultores participantes lograron eliminar 130.359 ratas topo a lo largo de estos años. Para que este método sea realmente eficaz, debe aplicarse en momentos de baja densidad poblacional o al inicio de la fase de crecimiento demográfico. Por el contrario, durante las fases de explosión demográfica los resultados fueron muy irregulares, debido a la gran extensión de la zona afectada y a la dificultad de coordinar un número suficiente de ganaderos. Los mejores resultados se alcanzaron en parcelas pequeñas y aisladas, donde las recolonizaciones fueron menos frecuentes.
Instalación de barreras
La colonización de nuevos hábitats es un proceso clave en la ecología de la rata topo (Arvicola scherman), que se produce principalmente en superficie y está protagonizado por individuos jóvenes y subadultos. La instalación de barreras físicas alrededor de las parcelas, que actúen tanto en superficie como en profundidad (40–50 cm por encima y por debajo del nivel del suelo; véase Figura 2), puede ser una estrategia eficaz para frenar la dispersión de los ejemplares y, de este modo, limitar la colonización de nuevas áreas.
Sin embargo, este tipo de barreras perimetrales no siempre son viables, sobre todo en explotaciones de gran tamaño o en cultivos de bajo valor económico. En estos casos, puede optarse por la colocación de barreras estratégicas, a lo largo de las cuales se pueden instalar trampas pasivas de captura en superficie. Estas trampas no letales retienen a los individuos dispersantes con vida, lo que contribuye a atraer depredadores terrestres y aéreos a la zona. Para que estas medidas sean realmente efectivas, las barreras deben mantenerse de forma permanente, especialmente en las áreas donde la colonización puede producirse en cualquier momento del año.

Figura 2. Barrera estratégica instalada para evitar la dispersión y colonización de ratas topo en una pradera de Lugo.
Experiencia de la instalación de barreras
Se probó la eficacia de una barrera colocada a lo largo de una línea estratégica, acompañada de trampas pasivas tipo «self-service» (trampas de caída o pit-fall) situadas a su lado, en una pradera de más de 30 hectáreas localizada en una zona con alta densidad de ratas topo.
La barrera se mantuvo instalada durante cuatro semanas, y las trampas se revisaron de forma periódica para comprobar posibles capturas. Además, se colocaron cámaras trampa para registrar tanto las capturas como la actividad de los depredadores.
Los resultados mostraron una eficacia limitada en el lugar y momento de la prueba, ya que no se registraron capturas en las trampas. Sin embargo, no se puede descartar que algunos ejemplares cayeran en trampas sin cámara y fueran depredados antes de la revisión técnica. Tampoco se observó un cambio significativo en la distribución de las ratas topo dentro de la parcela.
Perturbación del hábitat
Las prácticas agrícolas que modifican el hábitat de la rata topo pueden ser muy útiles para controlar sus poblaciones. Un ejemplo es la reducción frecuente de la cobertura vegetal mediante la siega, que aumenta la presión de los depredadores y genera más estrés en los individuos. Eso sí, una siega moderada no afecta de manera negativa a la densidad de la especie.
Del mismo modo, el incremento del pastoreo o la simulación de un pisoteo intensivo del ganado —mediante el uso de un rodillo con «tacos» (véase Figura 3)— puede perturbar de forma rápida y eficaz el hábitat, compactando el suelo y destruyendo tanto las galerías superficiales como los recursos disponibles. Esta práctica tiene además un efecto adicional: facilita la detección de ejemplares residuales tras la reconstrucción de las galerías y dificulta que la zona sea recolonizada.

Figura 3. Rodillo con tachuelas en marcha, desarrollado expresamente por la Xunta de Galicia para este programa de control, y consecuencias inmediatas de su uso en el terreno.
Experiencia
El aumento de la frecuencia de la siega entra en conflicto directo con las prácticas agrícolas tradicionales de la región, por lo que no se llegó a aplicar. Los agricultores cortan el pasto cuando alcanza la altura mínima que consideran adecuada, y el número de cortes depende de la productividad de cada parcela. En general, las condiciones ambientales solo permiten una siega anual, realizada a finales de la primavera.
La intensificación del pastoreo también está condicionada por el tamaño de los rebaños, que en la mayoría de los casos es reducido. Otro factor que dificultó la adopción de esta medida fue la complejidad de mover el ganado entre parcelas alejadas, con orografía accidentada y malas conexiones entre ellas.
El uso del rodillo con tachuelas (Fig. 3), especialmente diseñado por la Xunta de Galicia para este programa de control y con un peso aproximado de 1000 kg, tuvo resultados desiguales. La orografía abrupta y las deficientes comunicaciones entre parcelas complicaron tanto su manejo como el transporte. Los efectos sobre las poblaciones de rata topo no se evaluaron directamente, pero sí se observaron resultados positivos en el terreno en las parcelas donde se aplicó, ya que aumentó la eficacia del trampeo al dejar a la vista nuevos signos de actividad de la especie. Sin embargo, su efectividad se redujo cuando el suelo estaba demasiado duro y compactado, lo que limita su uso durante los meses más secos.
Promoción de depredadores naturales y aumento de la heterogeneidad del paisaje
En la cornisa cantábrica, las ratas topo pueden ser cazadas por depredadores especializados como el armiño (Mustela erminea), la comadreja (Mustela nivalis) o la marta (Martes foina), capaces de desestabilizar las poblaciones cuando su densidad es baja. También son presas de depredadores más generalistas, como el zorro rojo (Vulpes vulpes), la lechuza común (Tyto alba), las cigüeñas (Ciconia ciconia), el gato montés (Felis silvestris) o incluso los gatos domésticos en las periferias de los pueblos. Estos depredadores cambian a otras presas cuando las densidades de A. scherman disminuyen, lo que contribuye a estabilizar sus poblaciones.
En resumen, la comunidad de depredadores juega un papel clave: ayuda a prolongar las fases de baja densidad de la rata topo y, de este modo, puede retrasar en el tiempo dos explosiones demográficas consecutivas (Figura 4).

Figura 4. Posadero para favorecer la depredación por aves rapaces (izquierda) y muros de piedra entre parcelas (derecha), hábitats potenciales para la presencia de comadrejas y armiños.
Experiencia
A paisaxe desta zona é moi heteroxénea, con manchas de bosque e matogueiras frecuentes. Ademais, as pradeiras están a miúdo separadas por muros de pedra e, en menor medida, por bordos de vexetación. Por iso, gandeiros e agricultores consideran que os hábitats favorables para os depredadores xa están suficientemente representados, e amosan pouco interese en fomentar a súa actividade mediante novas estruturas. A presenza de carnívoros, carroñeiros e omnívoros, como o xabaril (Sus scrofa), é habitual nas parcelas. Esta especie, de feito, provoca danos importantes nas pradeiras ao remover as galerías na procura de ratas toupa. A creación de novos hábitats ou medidas para aumentar a actividade dos depredadores son accións a longo prazo, difíciles de implementar nun colectivo que demanda solucións inmediatas.
Experiencia
El paisaje de esta zona es muy heterogéneo, con manchas de bosque y matorrales frecuentes. Además, las praderas están a menudo separadas por muros de piedra y, en menor medida, por bordes de vegetación. Por ello, ganaderos y agricultores consideran que los hábitats favorables para los depredadores ya están suficientemente representados, y muestran poco interés en fomentar su actividad mediante nuevas estructuras. La presencia de carnívoros, carroñeros y omnívoros, como el jabalí (Sus scrofa), es habitual en las parcelas. Esta especie, de hecho, provoca daños importantes en las praderas al remover las galerías en busca de ratas topo. La creación de nuevos hábitats o medidas para aumentar la actividad de los depredadores son acciones a largo plazo, difíciles de implementar en un colectivo que demanda soluciones inmediatas.
Conclusiones
Los resultados indican que, en el contexto analizado, las medidas de control aplicadas durante una fase de alta densidad de A. scherman tuvieron una eficacia limitada. La gran extensión de las áreas afectadas, la falta de coordinación entre propietarios y la continua recolonización desde parcelas vecinas dificultaron contener la población.
Aun así, el trampeo mostró gran utilidad en parcelas aisladas, donde la entrada de nuevos individuos fue menor. Esto sugiere que esta técnica puede ser más efectiva cuando hay menos probabilidades de recolonización.
La experiencia refuerza la idea de que las acciones de control deben priorizarse en fases de baja densidad, momento en el que la presión demográfica y el riesgo de recolonización son menores. Un esfuerzo más intenso podría ser beneficioso si las parcelas están suficientemente aisladas o existe una coordinación efectiva entre propietarios.
Los resultados también subrayan la necesidad de caracterizar el ciclo plurianual de densidad de la especie mediante programas de seguimiento. Disponer de esta información permitiría planificar y sincronizar las actuaciones de control antes del crecimiento poblacional.
Estos seguimientos deben realizarse en primavera u otoño, cuando la relación entre los signos superficiales de actividad y la densidad real de la población es más fiable. Aunque la vigilancia corresponde principalmente a personal especializado, la participación activa de ganaderos y agricultores, aplicando medidas específicas y respetuosas con el medio ambiente, seguirá siendo esencial para limitar la magnitud de las futuras explosiones demográficas en la montaña de Lugo.



