Cómo evaluar con precisión el impacto de la agricultura en los servicios ecosistémicos

Sara Lago, del CRETUS de la USC, evidenció que determinadas prácticas promovidas como alternativas más sostenibles no siempre presentan un mejor desempeño ambiental

No todas las prácticas agrícolas presentadas como alternativas más sostenibles ofrecen necesariamente un mejor resultado ambiental. Es una de las principales conclusiones de la investigación desarrollada por Sara Lago Olveira en el Centro de Investigación Interdisciplinaria en Tecnologías Ambientales de la Universidad de Santiago de Compostela (CRETUS), en la que se proponen además nuevas herramientas para evaluar con mayor precisión los efectos de la actividad agraria sobre el medio ambiente.

El estudio parte de un problema cada vez más relevante: como aumentar la producción de alimentos para responder a las necesidades de una población creciente reduciendo al mismo tiempo la presión sobre los recursos naturales. Para abordar esta cuestión, la investigadora recurrió al Análisis del Ciclo de Vida (ACV), una metodología utilizada para cuantificar los impactos ambientales asociados a productos y actividades.

La investigación llama la atención, con todo, sobre algunas limitaciones de los métodos convencionales. Los sistemas agrarios dependen de servicios que proporcionan los ecosistemas —como la fertilidad del suelo, la regulación del agua o el almacenamiento de carbono—, pero la propia actividad agrícola también puede alterar su provisión. Además, estos efectos pueden variar en función del lugar y de las condiciones concretas de producción.

Estas mejoras pueden contribuir a que las herramientas utilizadas para tomar decisiones sean más completas y representativas

La tesis analizó diferentes estrategias agrícolas, entre ellas las rotaciones de cereal y leguminosa frente a los monocultivos, así como distintas fórmulas de gestión del viñedo. Entre estas últimas se estudiaron el uso de ozono para el control de plagas y la sustitución de fertilizantes minerales por vermicompost.

Los resultados muestran que algunas de estas alternativas no presentan una ventaja ambiental clara frente a las prácticas convencionales. En concreto, ni el uso de ozono para controlar las plagas ni la sustitución de los fertilizantes minerales por vermicompost demostraron una superioridad ambiental inequívoca en los casos estudiados.

Para la investigadora, estos resultados evidencian la necesidad de analizar cada alternativa de manera integral y tener en cuenta tanto sus posibles beneficios como las compensaciones o efectos negativos que pueda generar.

Incorporar el factor espacial
Una de las principales aportaciones metodológicas del trabajo es precisamente incorporar cuestiones que hasta ahora estaban poco presentes en las evaluaciones ambientales. La investigación desarrolló factores de caracterización que introducen de manera explícita la dimensión espacial, permitiendo analizar los efectos de la agricultura sobre servicios ecosistémicos como la purificación del agua, el control de la erosión del suelo y el secuestro de carbono. También se crearon factores de emisión adaptados a diferentes contextos de cultivo del arroz.

Según la USC, estas mejoras pueden contribuir a que las herramientas utilizadas para tomar decisiones sean más completas y representativas. El objetivo es facilitar que responsables políticos, investigadores y profesionales del sector agroalimentario puedan diseñar estrategias que avancen hacia una agricultura más sostenible y resiliente.

La tesis se desarrolló en el marco del proyecto europeo PRIMA CerealMed y del proyecto nacional ALISE, y fue presentada en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de la USC. El trabajo, dirigido por las profesoras Sara González García y María Teresa Moreira Vilar, obtuvo la cualificación de Sobresaliente Cum Laude y Mención Internacional.

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