AGRI-RESVAL transforma residuos de la agricultura vertical en antioxidantes naturales para conservar productos pesqueros
Los ensayos realizados apuntan al potencial de los extractos de la raíz de la albahaca para reducir la oxidación lipídica del langostino congelado y avanzar hacia una conservación más sostenible de los productos pesqueros
Lo que hasta hace poco acababa en la basura puede convertirse en un ingrediente de valor para la industria alimentaria. Las raíces de la albahaca, un subproducto del cultivo que habitualmente no se comercializa, concentran compuestos con capacidad antioxidante que podrían contribuir a mejorar la conservación de productos pesqueros congelados. Esta es una de las principales líneas de trabajo del proyecto AGRI-RESVAL, una iniciativa que conecta la agricultura vertical, la investigación biotecnológica y la industria pesquera gallega en torno a un objetivo común: avanzar hacia un modelo productivo más sostenible mediante el aprovechamiento de recursos que, hasta ahora, no se valorizaban.
La iniciativa celebró una sesión en la que se presentaron los avances realizados y los resultados de las pruebas desarrolladas durante el proyecto. El consorcio está integrado por Néboda Farms, empresa viguesa especializada en agricultura vertical y líder del proyecto; la Universidade de Vigo, a través del grupo de investigación AgroBioTech for Health; y la Fundación Empresa-Universidad Gallega (FEUGA). El Grupo Nueva Pescanova participa como entidad subcontratada, aportando su experiencia para validar la eficacia de los extractos en productos pesqueros.
Con un presupuesto de 140.000 euros, financiado íntegramente mediante las ayudas para proyectos innovadores de los grupos operativos de la Asociación Europea para la Innovación, cofinanciadas por el Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural (FEADER), AGRI-RESVAL busca establecer una conexión entre dos sectores estratégicos para Galicia: el agrícola y el pesquero.
De la agricultura vertical al aprovechamiento de las raíces
El punto de partida se encuentra en el modelo de producción de Néboda Farms. La empresa cultiva vegetales en instalaciones interiores mediante sistemas de agricultura vertical, una modalidad que permite controlar de forma precisa las condiciones ambientales en las que crecen las plantas. La albahaca, uno de sus productos destacados, se ha convertido también en la materia prima con la que investigar nuevas posibilidades de aprovechamiento de los subproductos agrícolas.
Durante la presentación, Samuel López Novoa, responsable de I+D de Néboda Farms, explicó que la empresa produce y comercializa la parte aérea de la planta, mientras que las raíces quedan fuera del circuito comercial. La separación entre ambas partes, facilitada por un sistema automatizado de corte, permite recoger las raíces sin mezclarlas con el sustrato ni con el resto de la planta.
La agricultura vertical ofrece nuevas posibilidades para optimizar los recursos, aunque su sostenibilidad también depende del consumo energético y de las fuentes empleadas para abastecer las instalaciones
«Nosotros producimos, pero no vendemos la raíz. Así que tenemos que dar salida a estos subproductos», explicó López Novoa al describir el origen de la iniciativa. La pregunta que puso en marcha la investigación fue si esas raíces, que hasta ahora se desechaban, podían contener compuestos de interés para otras industrias.
La respuesta orientó el proyecto hacia los antioxidantes naturales. Estos compuestos pueden ayudar a frenar determinadas reacciones químicas responsables del deterioro de los alimentos y, por tanto, convertir un residuo vegetal en una materia prima para elaborar ingredientes de mayor valor añadido.
La propuesta encaja en la filosofía de Néboda Farms, basada en una agricultura vertical eficiente y sostenible. Según explicó el responsable de I+D, la compañía trabaja con una arquitectura productiva que combina conocimiento científico, automatización, inteligencia artificial, visión artificial y capacidad de escalado industrial.
La empresa señala que la optimización de las condiciones de cultivo le permite incrementar la productividad de la albahaca desde los 25 hasta los 80 kilogramos por metro cuadrado al año. Se trata de un modelo en el que factores como la iluminación, el riego o la composición de la solución nutritiva se pueden ajustar para mejorar el rendimiento y las características del cultivo.
Los investigadores también observaron que determinadas condiciones lumínicas pueden modificar la respuesta de la planta
La agricultura vertical responde también a algunos de los retos a los que se enfrenta el sector primario, como el relevo generacional, «ya que los episodios de sequía e inundaciones, y las dificultades para garantizar la continuidad de las explotaciones están haciendo que la gente no quiera quedarse». Al prescindir del suelo agrícola convencional y controlar el entorno de producción, estos sistemas ofrecen nuevas posibilidades para optimizar los recursos, aunque su sostenibilidad también depende del consumo energético y de las fuentes empleadas para abastecer las instalaciones.
Cultivar para obtener más antioxidantes
El aprovechamiento de las raíces no depende únicamente de que la planta crezca más, sino también de cómo se desarrolla y de los compuestos que acumula en sus tejidos. Por ello, una parte fundamental del proyecto consistió en estudiar cómo las condiciones de cultivo podían influir en la producción de biomasa y en el perfil de compuestos antioxidantes de la albahaca.
Néboda Farms realizó ensayos con albahaca genovesa en tres módulos de cultivo sometidos a diferentes tratamientos. Entre los parámetros controlados figuraban el fotoperiodo, la intensidad y el espectro de la luz y la conductividad eléctrica de la solución nutritiva, relacionada con la concentración de sales disueltas.
El sistema de riego también desempeñó un papel relevante. La empresa empleó un método por inmersión en el que las raíces cuelgan sobre una bandeja que se inunda periódicamente y después se vacía. «De este modo se genera un estrés en la planta que, cuando vuelve el agua, es más eficiente captando los nutrientes. El agua vuelve al tanque, lo que permite ahorrar hasta un 90 % de agua respecto al cultivo convencional».
Según los datos expuestos durante la sesión, las condiciones de cultivo tuvieron efectos distintos sobre la producción de hojas y raíces. Mientras que el peso fresco fue relativamente similar entre varios tratamientos, las diferencias en la biomasa radicular resultaron especialmente interesantes: algunos de los ensayos superaron el tres por ciento de peso de raíz y el tratamiento con mejores resultados llegó a duplicar el peso radicular del que obtuvo el peor resultado.
Los investigadores también observaron que determinadas condiciones lumínicas pueden modificar la respuesta de la planta. La hipótesis es que la reducción de la luz percibida puede inducir cambios en el desarrollo radicular. Estos resultados permiten seleccionar condiciones de cultivo prometedoras para obtener más materia prima, aunque la cantidad de raíces no determina por sí sola la concentración ni la actividad de los antioxidantes que contienen.
La oxidación lipídica, un reto para la conservación pesquera
El siguiente paso consistió en comprobar si los compuestos extraídos de la albahaca podían tener una aplicación real en la industria pesquera. La encargada de presentar esta parte del trabajo fue Sonia Losada, investigadora del grupo AgroBioTech for Health de la Universidade de Vigo.
Su exposición partió de uno de los grandes retos de la conservación de los alimentos ricos en ácidos grasos poliinsaturados, entre ellos los omega-3. Estos nutrientes, importantes para una alimentación equilibrada, están presentes en pescados y mariscos y también se incorporan a otros productos alimentarios enriquecidos.
El objetivo no es solo identificar compuestos con actividad antioxidante, sino comprobar que funcionan en los alimentos sin modificar sus propiedades organolépticas
Sin embargo, la presencia de estos lípidos hace que los alimentos sean susceptibles a la oxidación. Este proceso químico puede generar compuestos que alteran el sabor, el aroma y otras características sensoriales, además de reducir la calidad nutricional del producto. La aparición de olores y sabores desagradables acaba afectando a la aceptación comercial de los alimentos.
La congelación y el envasado al vacío ayudan a ralentizar el deterioro, pero no eliminan completamente el riesgo de oxidación. Por ello, la industria recurre a diferentes estrategias de conservación, entre ellas el empleo de antioxidantes que permitan frenar estas reacciones.
AGRI-RESVAL se centra en la búsqueda de alternativas de origen natural a partir de residuos agrícolas. El objetivo no es solo identificar compuestos con actividad antioxidante, sino comprobar que funcionan en los alimentos sin modificar sus propiedades organolépticas.
De la extracción en el laboratorio a las formulaciones naturales
El equipo de la Universidade de Vigo desarrolló varias etapas de trabajo. En primer lugar, preparó el material vegetal mediante liofilización, un proceso que permite retirar el agua para facilitar la conservación y el manejo de las muestras. Posteriormente, diseñó protocolos para extraer los compuestos bioactivos presentes en las hojas, los tallos y las raíces.
La extracción asistida por ultrasonidos fue una de las técnicas utilizadas. En este procedimiento, las ondas ultrasónicas favorecen la liberación de determinados compuestos de la matriz vegetal. El equipo empleó disoluciones acuosas como medio de extracción y realizó comparaciones con disoluciones alcohólicas, además de estudiar la relación entre la cantidad de material vegetal y el volumen de disolvente.
La optimización de estas condiciones es esencial: no todas las combinaciones permiten obtener el mismo rendimiento ni la misma composición. El propósito era conseguir extractos con una elevada capacidad antioxidante mediante un procedimiento sencillo, sostenible y transferible a la industria.
Una vez obtenidos, los extractos fueron caracterizados para determinar su contenido en compuestos fenólicos, un grupo de sustancias vegetales al que pertenecen numerosos antioxidantes. Los resultados presentados indicaron que el perfil polifenólico variaba según la parte de la planta empleada, con un especial interés en las raíces como fuente de compuestos bioactivos.
La investigación avanzó también en la identificación de los componentes presentes en los extractos y en la determinación de su capacidad antioxidante. Entre las sustancias de interés destacó el ácido rosmarínico, un compuesto fenólico cuyo potencial para reforzar la actividad antioxidante de las formulaciones fue objeto de evaluación.
A partir de estos avances, el equipo formuló extractos destinados a probar su eficacia en la conservación del langostino cocido congelado. Las muestras se sometieron a un tratamiento de inmersión en los preparados y se mantuvieron en condiciones de congelación. Durante el almacenamiento se realizaron análisis periódicos de los productos primarios de la oxidación lipídica para observar la evolución del proceso.
El siguiente reto será consolidar estos resultados, ampliar la validación de las formulaciones y determinar las condiciones en las que su aplicación puede resultar más eficaz
Los resultados comunicados por la Universidade de Vigo mostraron una menor formación de peróxidos en las muestras tratadas con los extractos vegetales y con el ácido rosmarínico durante el periodo de conservación estudiado. Estos datos apuntan a que los extractos pueden contribuir a controlar la oxidación y a que el enriquecimiento en ácido rosmarínico podría reforzar ese potencial.
La validación industrial, el paso decisivo
Para que una solución desarrollada en el laboratorio pueda llegar al mercado, es necesario comprobar que mantiene su eficacia en condiciones más próximas a las de la producción industrial. Esa fue la tarea del Grupo Nueva Pescanova, representado en la sesión por Dalva Martínez Alonso, responsable de I+D del área de crustáceos.
Su equipo recibió las muestras preparadas durante la fase experimental para evaluar la capacidad antioxidante de las formulaciones en productos pesqueros congelados. El trabajo se desarrolló en dos etapas, con ensayos iniciados en 2025 y una nueva fase de validación durante 2026.
La responsable de I+D subrayó así la importancia de contrastar los resultados obtenidos en el laboratorio con una evaluación aplicada a los productos pesqueros. Esta fase resulta determinante para establecer si las formulaciones pueden ofrecer un comportamiento suficientemente estable durante la conservación.
Conviene precisar, sin embargo, que la respuesta favorable de las muestras tratadas con ácido rosmarínico no equivale, por sí sola, a demostrar que todas las formulaciones vegetales presentan la misma eficacia ni que pueden sustituir ya a los antioxidantes empleados por la industria. La validación debe atender a las diferentes formulaciones, al tiempo de conservación y a la ausencia de cambios indeseados en el sabor, el aroma y el resto de las características del producto.
Convertir los residuos en recursos
La jornada de AGRI-RESVAL sirvió para reunir los avances alcanzados en las distintas fases: la optimización del cultivo vertical, la selección de la materia prima vegetal, el desarrollo de un método de extracción, la caracterización de los compuestos bioactivos y las pruebas de aplicación en el langostino congelado.
El siguiente reto será consolidar estos resultados, ampliar la validación de las formulaciones y determinar las condiciones en las que su aplicación puede resultar más eficaz. También será necesario evaluar la viabilidad técnica y económica de su incorporación a los procesos industriales y estudiar su posible utilización en otros productos alimentarios.
La iniciativa ejemplifica, en definitiva, cómo la colaboración entre empresas y centros de investigación puede abrir nuevas vías para aprovechar mejor los recursos. Las raíces que antes se desechaban podrían convertirse en un ingrediente de interés para la conservación pesquera, mientras que la agricultura vertical aporta una materia prima obtenida mediante sistemas de cultivo controlados.
El evento estuvo coordinado por Gabriel Santos, gestor de proyectos de FEUGA, entidad encargada de organizar la jornada de cierre. Durante la sesión, puso en valor el papel de la fundación en el desarrollo del proyecto y en el acompañamiento de las iniciativas de innovación, así como en la conexión entre el conocimiento científico y el tejido empresarial para facilitar la transferencia de soluciones innovadoras al sector agroalimentario.







