Experiencias de emprendimiento rural por parte de mujeres

Conocemos cuatro ejemplos de proyectos agroalimentarios llevados a cabo en la provincia de Lugo con presencia femenina como ingrediente principal

La presencia de la mujer es esencial para mantener vivo el medio rural. Ellas aportan valor económico y social y son el principal antídoto contra el declive demográfico. Por eso el emprendimiento femenino añade un plus que lo hace más necesario.

La Feria Innovando en el Rural, organizada por el Campus Terra de la USC este jueves en Lugo con la colaboración de la Federación de Mujeres Rurales (Fademur), reunió a distintos proyectos puestos en marcha por mujeres en distintos ayuntamientos de la provincia. El objetivo fue visibilizarlos y que sirvan de inspiración en el camino del emprendimiento para el surgimiento de otros muchos, como destacó la delegada del rector para el Campus Terra, Elvira López Mosquera, durante el acto inaugural.

Conocemos más en detalle algunas de estas iniciativas que ya están funcionando, los motivos por los que sus impulsoras decidieron llevarlas a cabo y las principales dificultades y obstáculos que encontraron:

“La burocracia es tremenda y los requisitos desproporcionados; desaniman a cualquiera”

María Bouzas creou Tataraboas fai dous anos

Como en muchos otros casos, la necesidad de conciliar fue lo que llevó la María Bouzas a emprender. Hace dos años creó Tataraboas, su marca de “galletas artesanas con ingredientes naturales del rural gallego”.

“Siempre me dediqué a la artesanía en distintas disciplinas y en los últimos 7 años estuve trabajando en una pastelería-panadería”, explica María. Sumando esos dos ingredientes surgió este proyecto inspirado en la tradición y que persigue “traer a hoy la sabiduría ancestral, aquello que siempre se hizo en casa con los mejores ingredientes”, detalla su creadora.

Tataraboas cuenta con 6 tipos de galletas, entre ellas variedades con mantequilla, con aceite de oliva o con aceite de coco virgen. Dada la preocupación de María por los productos saludables y de proximidad, la harina la compra en Carballo y es de trigo del país molido en molino de piedra.

La necesidad de conciliar fue lo que me llevó a emprender

Pero otra de las características de esta iniciativa son sus ganas de seguir explorando e innovando. María también fue antes cocinera vegetariana, de ahí que tenga galletas veganas, unas con chocolate y otras de avena y avellana.

La fabricación tiene lugar en Amarante, en el ayuntamiento de Antas de Ulla. “Comencé en un obrador compartido, pero ahora tengo mi propio obrador en casa”, explica. Lo más difícil del proceso de emprender “es con todo lo que hay que lidiar por el camino”, asegura. “Son muchos frentes que tienes que abordar tú sola y no en todos sabes moverte”, reconoce.

A pesar de las ayudas o los programas de apoyo al emprendimiento existentes, María reclama sobre todo una simplificación administrativa. “Para un obrador pequeño y artesano la burocracia es tremenda y los requisitos son desproporcionados; eso echa a la gente para atrás”, afirma.

“Hay avances, pero sólo conozco a 4 o 5 mujeres al frente de bodegas en la Ribeira Sacra”

En San Fiz (Chantada) se encuentra la bodega Os Cipreses y al frente de ella está Cristina Vázquez, una de las pocas mujeres en un mundo aún de hombres, el del sector del vino. “Yo solo conozco a 4 o 5 mujeres al frente de bodegas en la Ribeira Sacra, de las más de noventa que hay”, evidencia.

Cristina trabajaba en la empresa familiar, dedicada al sector de la electricidad y la iluminación, pero hace 5 años, cuando su padre se jubiló, ella decidió emprender en el sector del vino. “Ya hacíamos vino. Comenzamos en los años 90 haciendo para nosotros y para los amigos y a partir del año 1996, a raíz de la creación de la Denominación de Origen Ribeira Sacra, estábamos dentro de ella”, explica.

Cuentan en este momento en total con 3 hectáreas de viñedos y elaboran distintas líneas de vinos, en las que destaca el tinto hecho a partir de mencía. “El vino tinto es el mayoritario en nuestra bodega, representa alrededor del 80%, pero hacemos también blanco y rosado”, indica.

“No compramos uva, es toda de producción propia”, añade Cristina. Además de dirigir la bodega, ella es también quien elabora el vino y está tratando de innovar y diversificar. “El mundo del vino siempre me apasionó, así que comencé a formarme y hoy hago microvinificaciones de mencía”, cuenta.

Hay elaboraciones, como los vinos espumosos, que son interesantes aunque no entren dentro de la Denominación de Origen

El año pasado hicieron, por ejemplo, un vino espumoso que piensan repetir con la cosecha de este año. “Creo que hay elaboraciones que son interesantes aunque no entren dentro de la Denominación de Origen”, justifica.

Otra de las estrategias que está siguiendo es la de aumentar la producción de vino blanco. “Tenemos muy poco blanco, tan sólo unos 2.500 litros, y lo acabamos enseguida, nos dura solo 3 meses”. El vino blanco de la bodega Os Cipreses es un plurivarietal que tiene un 60% de treixadura y el resto de godello y albariño. “Ese coupage es lo que diferencia nuestro vino blanco, por lo que vamos a plantar más uva blanca pero manteniendo la proporción entre esas tres castas”, explica.

“No podemos dejar que se pierdan las recetas y los productos tradicionales que tenemos en el rural”

Tamara Castro es la segunda generación al frente de la panadería que en 1986 montaron en Taboada sus padres Darío y Elia. Hacían pan, empanadas y dulces artesanos, que vendían a nivel local, pero desde hace dos años ella se propuso “ir más allá”.

Así que decidió crear una marca, Sacrapastas, con la que dar a conocer fuera de las fronteras del municipio las galletas que se hacían en la parroquia taboadesa de Xián y recuperar de paso otras recetas tradicionales vinculadas al territorio de la Ribeira Sacra.

Las galletas de la parroquia de Xián eran producidas entre dos planchas de hierro que se calentaban en el fuego. Doña Carmen, que vivía en la Casa Grande del lugar, prestaba aquel molde a las casas vecinas hasta que la emigración a Suiza trajo las primeras placas eléctricas, en las que se hacían 4 gallegas cada vez.

“Las mujeres elaboraban esas galletas en las casas de la aldea para ir a venderlas a las ferias, pero se fueron haciendo mayores y dejaron de ir, así que nos las traían a nosotros a la panadería para que se las vendiésemos allí”, recuerda Tamara.

En la parroquia de Xián, en Taboada, las mujeres elaboraban galletas en casa para venderlas en la feria

Elia, la madre de Tamara, protegió durante años aquel tesoro, una receta original que ahora su hija pretende popularizar, manteniendo la estética original, el modo de elaboración y los ingredientes. “Buscamos acercarnos lo más posible a los de casa: huevos camperos, harina sin aditivos, mantequilla gallega de calidad, azúcar y ralladuras de limón”, detalla.

Para reducir la mano de obra que requiere elaborar una por una cada galleta, en Panadería Darío han preparado un molde en el que se hacen 24 de cada vez, cada una de ellas con una serigrafía diferente en la que se plasman distintos elementos del arte románico de la Ribeira Sacra, como los rosetones de las iglesias u otro tipo de simbología.

El producto final lleva el sello de Artesanía Alimentaria, que certifica un modo de elaboración no industrial. Tamara destaca que el sabor también recuerda al de antes y valora la reacción de los clientes en las ferias a las que acude. “Lo más bonito es cuando la gente que las prueba te dice que viajan en el tiempo a los sabores de la infancia. Es muy gratificante dar a conocer los productos que tenemos en el rural en otros ámbitos donde son muy valorados”, asegura.

“Teníamos ya la producción y quisimos también transformarla; para mi ese es el camino”

Sonia Mere está al frente de Embutidos Valentina. El marido de Sonia, Enrique Rodríguez, lleva desde los 14 años criando y vendiendo cerdos y desde hace 2 años se decidieron a transformar la carne que ellos mismos producían.

“Vendíamos cerdos cebados para hacer las matanzas en casa y también para vida. Seguimos manteniendo eso pero quisimos también elaborar nosotros. Hacemos todo sin conservantes químicos ni colorantes, solo con sal y pimentón, como se hacía en las matanzas en casa”, cuentan.

Hacen distintos tipos de embutidos (chorizos, salchichones, lomo, etc) y todo tipo de salazones. Los elaboran en una nave que tienen en Escairón, donde además cuentan con tienda con venta al público y espacio para degustación. “Queremos llegar nosotros directamente al consumidor final”, indican.

Queremos llegar nosotros directamente al consumidor final

Los cerdos que son sacrificados para elaborar los embutidos Valentina son alimentados hasta los 9 o 10 meses (el último mes y medio con una mezcla de concentrados que incluye maíz, cebada y soja) hasta que alcanzan entre 130 y 140 kilos/canal. “El resultado es muy diferente al de un cerdo industrial que en tres meses sale para el matadero”, explica Enrique, que tiene también varias granjas industriales donde ceba unos 5.000 cerdos.

En la tienda de Escairón, además de los embutidos y salazones que ellos hacen, también se pueden comprar otros productos de la zona, como miel, quesos, vino o aceite, que son elaborados por otros productores de las comarcas de Chantada, Quiroga o Monforte. “Procuramos tener los máximos productos posibles de nuestros vecinos”, defienden.

Sonia y Enrique ya miran al futuro. Le pusieron a la empresa el nombre de su hija, Valentina. “Así ya no tiene que cambiarle el nombre se quiere seguir”, bromea su padre.

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