El proyecto Eiravine desarrolla un protocolo para recuperar y prolongar la vida del viñedo ecológico

Este fue uno de los resultados del proyecto de investigación Eiravine, llevado a cabo por la cooperativa del Ribeiro Cumbre del Avia en colaboración con la Estación de Viticultura y Enología de Galicia (EVEGA). Los resultados fueron presentados en el IV Foro de Innovación del Sector Agrario

Eiravine es un proyecto de investigación centrado en el “desarrollo de un protocolo de recuperación de viñedo ecológico optimizando su longevidad y sostenibilidad”. El equipo de trabajo, formado por la cooperativa vitivinícola Cumbre del Avia y la Estación de Viticultura y Enología de Galicia (EVEGA), llevó a cabo una serie de actividades hasta protocolarizar la recuperación de viñedos adultos y obtener mayor vigor y producción en las plantaciones, e incluso ligeros incrementos de graduación y acidez, además de mostos equilibrados.

Esta iniciativa fue presentada en el IV Foro de Innovación del Sector Agrario, organizado por la Axencia Galega da Calidade Alimentaria (AGACAL). “Lo que prentendemos con el proyecto es convivir con los hongos que ocasionan las enfermedades de la madera. Trabajando en ecológico no tenemos materias activas que nos permitan solucionar el problema, por lo tanto toca convivir y buscar que las plantas no enfermen, o bien, que ya enfermas nos aporten sostenibilidad”, remarcó el integrante del proyecto por parte de Cumbre del Avia, Diego Diéguez.

Es por esto que el objetivo de Eiravine era establecer protocolos de gestión y recuperación de viñedos adultos, en el marco de la viticultura ecológica, para que tengan vocación de longevidad, equilibrio y sanidad, basándose en la aplicación de medidas regenerativas del viñedo acordes con la fisiología, sanidad de la planta, los sistemas de cultivo y la fertilidad del suelo.

Antecedentes

“En estos últimos años se está observando una importante pérdida de vides en viñedos que no alcanzan los 25 años. La intensificación del cultivo junto con la falta de mano de obra especializada, así como la presencia de enfermedades reemergentes están entre los factores causantes de estas pérdidas”, detalla el proyecto Eiravine.

“La mecanización del viñedo condiciona la formación, conducción y podas de las plantas; la utilización inadecuada de fungicidas puede crear resistencias a materias activas impidiendo el control acomodado de enfermedades. Por lo que el desarrollo de praxis incorrectas puede disminuir la longevidad del viñedo, no asumible en una viticultura como la de la región gallega, basada en la calidad y en la diferenciación de sus productos”, señala.

Protocolo de actuación y resultados

La estructura del proyecto se organizó en diferentes actividades para conseguir una consecución de los objetivos. “Las distribuimos en 6 diferentes, partiendo de una recopilación de datos para poner en perspectiva la situación, siguiendo por una formación técnica y de apoyo en la implantación de las actuaciones en el viñedo para pasar de un sistema de conducción fundamentada en el vaso a la empalizada, y luego ir desarrollando un protocolo para la fertilización o para las técnicas aplicadas”, explica Diego Diéguez.

Estas 3 primeras actividades continuaron con otras 3 hasta la obtención de resultados finales. La actividad 4 consistió en el seguimiento del desarrollo vegetativo y productivo según el protocolo establecido; la actividad 5 llevó dicho protocolo a campo con la implantación de un viñedo modelo sostenible con técnicas respetuosas con la planta, y finalmente, la actividad 6 cierra la estructura de trabajo de Eiravine con la elaboración de informes y resultados finales.

El protocolo de recuperación de viñedos adultos partió de la “zonificación del viñedo, esto es, observar tanto variedad, tipo de suelo o el propio aspecto visual de la planta, e identificar las zonas en las que había incidente o estaba sanas para hacer un diagnóstico del estado del viñedo. Luego, entramos en una parte importante: el diagnóstico del estado nutricional del viñedo a partir de muestras de terreno, para así observar si las plantas estaban en una situación favorable para los hongos o no”, especifica Diéguez. 

A partir de esta fase el equipo de trabajo puso en marcha estrategias de abonado para la corrección de los suelos buscando una serie de parámetros en términos de pH, materia orgánica y otros macro y microelementos.

Tabla valores adecuados de materia orgánica, fósforo asimilable, calcio asimilable y otros elementos. Fuente: Eiravine

La siguiente fase consistió en el chequeo del estado nutricional de las plantas mediante análisis foliar en cuajado, para ver “como está asimilando lo que hay en el suelo y ver que las correcciones que se llevaron a cabo fueron efectivas, o si hay que hacer algún ajuste. En este caso, si se trata de correcciones de micronutrientes pueden llevarse a cabo en campaña, directamente la hoja, y si son macro, habría que esperar de nuevo a la campaña de invierno”, comenta.

“Ahora incluso, para nosotros lo más importante son las prácticas de poda. Fue un choque. Hicimos 5 formaciones, y ya en la primera de ellas costó entender cual era a vía para evitar una mala praxis”, apunta el integrante de Eiravine. Es por eso, que la ejecución de buenas prácticas se comenzó a notar en la poda en verde, finalizando el protocolo con la reposición de marras.

A nivel de resultados generales “pudimos ver como el vigor de las plantas aumentó muchísimo, al igual que en la producción, a pesar de alguna mala cosecha. Además, se consiguió un ligero incremento de la graduación y de la acidez, aunque son datos que dependen de la añada. Por lo tanto, ahora este protocolo es aplicable a otras explotaciones, adaptándolo a la singularidad de cada una de las viñas”, concluye Diego Diéguez.

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