BIO_MARTERRA: algas gallegas para una agricultura más resiliente
La jornada final del Grupo Operativo BIO_MARTERRA presenta los resultados de casi cuatro años de investigación en la utilización de nuevos bioestimulantes elaborados con descartes de algas marinas en cultivos de huerta y vid

La Misión Biológica de Galicia (CSIC) acogió el 22 de octubre de 2026 el evento de clausura del Grupo Operativo BIO_MARTERRA, un proyecto multidisciplinar que ha explorado durante casi cuatro años el potencial de los descartes de algas marinas gallegas como insumos agrícolas. La jornada, con cerca de 80 inscritos entre presenciales y online, sirvió para presentar los resultados de los ensayos realizados en laboratorio, invernadero y campo.
El proyecto ha contado con la empresa PORTO-MUIÑOS como promotora, junto con la Universidad de Santiago de Compostela (USC), el Centro de Investigaciones Agrarias de Mabegondo (CIAM), la Misión Biológica de Galicia (CSIC) y los agricultores Avelino Santana y Horta da Lousa. FEUGA ha dado soporte administrativo y se ha encargado de la comunicación y divulgación.
El objetivo es «impulsar la economía circular, la economía azul y la adaptación al cambio climático a través de la revalorización de descartes de algas y la elaboración de bioestimulantes»
El contexto del proyecto responde a la creciente presión sobre el sector agrícola por el cambio climático y las exigencias del Pacto Verde Europeo de reducir insumos de síntesis. Frente a ello, la valorización de descartes de algas alimentarias – que no se destinan a alimentación, o de especies de algas abundantes y que tienen poco recorrido en gastronomía,- se plantea como una oportunidad. Como explicó Gabriel Santos, gestor de proyectos en FEUGA, el objetivo es «impulsar la economía circular, la economía azul y la adaptación al cambio climático a través de la revalorización de descartes de algas y la elaboración de bioestimulantes». Santos recordó que los grupos operativos son una herramienta de la Unión Europea para alcanzar los objetivos de la Política Agraria Común y que BioMarTerra está alineado con los Objetivos de Desarrollo Sostenible 12 (producción y consumo responsables), 13 (acción por el clima) y 14 (vida submarina).
Resultados científicos: del laboratorio al invernadero
Andrés Osoro, investigador predoctoral del Campus Terra (EPSE-USC), presentó los ensayos de germinación y de invernadero con berro, lechuga y rabanito en condiciones de estrés hídrico y salino. Su conclusión principal es clara: «Los bioestimulantes responden mejor en condiciones de estrés que sin estrés». Sin estrés, las distintas dosis apenas marcaron diferencias. Pero al introducir un estrés por sequía o salinidad, los resultados cambiaron: con estrés hídrico, la aplicación de una dosis de 1 ml/l de bioestimulante de algas incrementó la longitud de la raíz un 38% y la longitud total un 33%; con estrés salino, a la dosis de 1,5 ml/l aumentó la raíz un 68% y la longitud total un 45%.
En invernadero, el bioestimulante A6, el modelo más avanzado de Porto-Muiños, volvió a destacar. Bajo estrés salino, la dosis de 3 ml/l aplicada una vez por semana generó incrementos del 36% frente al control con estrés, superando incluso al control sin estrés y al bioestimulante comercial MaxiCrop. En situaciones de estrés por sequía, la mejor opción para el cultivo de lechuga fue 2 ml/l de bioestimulante una vez por semana, que logró mitigar las pérdidas de producción. Osoro también mostró que las plantas tratadas con A6 mantenían mejor el agua en sus células y reducían un 53,2% la prolina, un indicador objetivo de estrés. Como parte de la transferencia de resultados, el equipo presentó una comunicación en el 16º Congreso de Agricultura Ecológica de Navarra (abril de 2026) y dirige tres trabajos fin de grado sobre la materia.
«Es una herramienta que hay que planificar, no como una cura, sino desde el principio del cultivo, haya estrés o no». También señaló que el producto puede permitir una reducción considerable del uso de agua, algo clave en el contexto actual.
Alfredo Taboada, tecnólogo del Centro de Investigaciones Agrarias de Mabegondo (CIAM), presentó los ensayos en invernadero con lechuga, pimiento y tomate. Su experiencia fue más matizada. En 2024, al no haber estrés, no se observaron diferencias entre tratamientos y control. En 2025, con una reducción del riego del 40%, el bioestimulante A1 ayudó a las plantas de tomate a mantener la producción e incluso a producir más número de frutos, aunque de menor tamaño, pero no pudo compensar la pérdida en pimiento, cuya producción sin tratamiento y con riego normal fue muy superior. «Este bioestimulante no va a ser capaz por sí solo de compensar un estrés hídrico severo en algunos cultivos determinados», concluyó Taboada. Sin embargo, destacó un efecto llamativo: «No se distinguían las plantas sometidas a estrés de las no sometidas a estrés a simple vista». Esa mejor sanidad de las plantas le llevó a defender un cambio de enfoque: «Es una herramienta que hay que planificar, no como una cura, sino desde el principio del cultivo, haya estrés o no». También señaló que el producto puede permitir una reducción considerable del uso de agua, algo clave en el contexto actual.
Susana Boso Alonso y Mari Carmen Martínez, investigadoras del grupo VIOR Misión Biológica de Galicia (CSIC), exploraron dos extractos diferentes de algas para conocer su respuesta a los ataques de mildiú y botritis en viñedo, en las variedades Albariño y Mencía. En el laboratorio, con discos de hoja, ambos extractos redujeron la enfermedad respecto al control, pero curiosamente el extracto diseñado como bioestimulante A1 fue el que mostró mayor eficacia contra el mildiú, reduciendo incidencia y severidad. Además, se observó que funcionaba mejor cuando se aplicaba antes de inocular el patógeno, lo que indica un efecto preventivo más que curativo. En campo, los resultados fueron más variables por la multitud de factores que influyen, aunque ambos extractos redujeron la infección. En Albariño se observó un ligero aumento del grado alcohólico probable y del rendimiento en mosto con el extracto bioestimulante, así como hojas de mayor tamaño. En Mencía no se pudo recoger datos fiables de producción por el ataque de pájaros y enfermedades. El equipo subrayó la necesidad de continuar la investigación: “El resultado de este proyecto ahora está pidiendo poder continuar. Poder hacer estos ensayos a mayor escala en campo. Ver qué mecanismos de defensa se producen que eviten que haya mayor infección de mildiu”.
Esto hubiera sido imposible de conseguir con el esfuerzo de uno solo y sin la ayuda de la administración
Manuela Buján, bióloga del Departamento de I+D de Porto-Muiños y coordinadora técnica del proyecto de innovación BIO_MARTERRA, junto a Antonio Muiños Insua, director de la empresa, explicó el proceso de desarrollo de los extractos desde la empresa (Porto-Muiños SL). Partieron de una batería de 10 a 12 modelos, de los que han seleccionado y optimizado dos o tres. El objetivo era lograr un producto eficaz y, a la vez, viable económicamente: «Algunos procedimientos daban buen resultado, pero no eran sostenibles económicamente», señaló. El modelo A1 cumple con la legislación española y es el más avanzado en su desarrollo; un segundo extracto, que no cumple la normativa nacional pero podría cumplir la europea, funciona «bastante bien»; y su comercialización requiere adaptarse a otra normativa y hacer más ensayos. Buján destacó la importancia de la dosis: «Los bioestimulantes tienen un pico óptimo de dosis; si se aplican a dosis más bajas funcionan peor y también si se aplican a dosis más altas de las recomendadas». Destacó el valor de la colaboración: «Juntos hemos podido abrir una actividad nueva en la Empresa y el producto que está más cerca de su comercialización ha funcionado bien. Esto hubiera sido imposible de conseguir con el esfuerzo de uno solo y sin la ayuda de la administración».
La experiencia en campo
Lucio García, del Centro Tecnológico de la Carne, presentó en nombre de Avelino Santana, propietario de la explotación Patatas A Corga en la comarca de A Limia, los ensayos realizados en colaboración entre ambas entidades. En las pruebas en extensivo, el bioestimulante A1 mostró resultados «discretos» en algunos años y «espectaculares» en otros, con incrementos de hasta 66.000 kg/ha frente a 60.000 kg/ha del control en la variedad Agria. En un ensayo induciendo estrés con herbicida -una práctica habitual para controlar malas hierbas de la misma familia de plantas que la patata-, el bioestimulante logró recuperar la vegetación de las plantas hasta igualar al control sin estrés, e incluso superarlo ligeramente. García también destacó el contexto climático: en la comarca han detectado que, en los últimos 20 años, la temperatura media ha subido grado y medio y un 25% de las horas quedan fuera del rango en que la patata acumula almidón, lo que hace más necesario este tipo de herramientas. “Pienso que tiene lógica seguir explorándolo”, concluyó.
«Es una herramienta indispensable para que las nuevas generaciones puedan vivir del campo con dignidad»
Néstor, de Horta da Lousa, aportó la visión del agricultor ecológico. Su explotación, con 37 años de trayectoria, combina vivero de hortalizas, producción en fresco en ecológico, vacas y castaños. Para él, este producto es una «herramienta que da mucha seguridad» al aplicador: es de origen natural, se puede manipular sin riesgos y es compatible con otros fitosanitarios, lo que permite reducir aplicaciones y ahorrar en insecticidas, fungicidas y abono. «No solo nos mejoró la producción, sino que ahorramos», afirmó. Néstor destacó también que la planta tratada «no atrae tantas plagas ni enfermedades aéreas» y es «más eficiente en el uso del abonado», algo especialmente valioso en años de sequía como el vivido. En su balance, el producto no solo mejoró el rendimiento, sino que aumentó los calibres, que se pagan mejor en el mercado. «Imaginaros que usando una herramienta tengamos un 20% más de producción; ¿quién no va a querer un 20% más de salario?». Y habló de un cambio de paradigma: «Es una herramienta indispensable para que las nuevas generaciones puedan vivir del campo con dignidad».
Respaldo institucional
Martín Alemparte, director de la Agencia Gallega de Calidad Alimentaria (AGACAL), subrayó la importancia de la transferencia de conocimiento: «La innovación y la investigación agraria, al estar financiada con fondos públicos, tiene que tener esa finalidad de practicidad. No puede quedar en una publicación, tiene que salir al campo, a nuestros agricultores». Asimismo, destacó que en este periodo se han apoyado 44 proyectos de grupos operativos con una inversión de unos 6,4 millones de euros.
La jornada finalizó con una demostración expositiva sobre las técnicas de laboratorio utilizadas en la Misión Biológica.
Para ver el vídeo completo de la jornada final pinche AQUÍ
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El proyecto BioMarTerra está financiado por las ayudas para la ejecución de proyectos innovadores de los grupos operativos de la Asociación Europea de la Innovación (AEI), cofinanciadas en un 80 % con el Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural (FEADER) en el marco del PEPAC 2023-2027, con fondos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (16%), y fondos con fondos propios de la Xunta de Galicia (4%). Cuenta con un presupuesto y una subvención de 179.634,83 €.




